Los zarcillos de algodón
Palabras clave:
Historia de la Medicina, Pediatría, Infectología, VenezuelaResumen
Hay recuerdos que no se eligen; recuerdos que lo eligen a uno. A mis ochenta y cinco años, tras seis décadas de medicina y treinta en los pasillos de un hospital público en Venezuela, el insomnio suele traer voces y rostros que el tiempo no ha podido borrar. Pero anoche, lo que regresó no fue un rostro, sino un detalle: un pequeño hilo de algodón atravesando el lóbulo de una oreja infantil. Para mis adentros los llamo: «Los zarcillos de algodón». En 1965, la desnutrición grave tenía nombre, apellido y un pabellón entero dedicado a su sombra. Recuerdo a esos niños: criaturas de una quietud sobrenatural, que no se quejaban porque el hambre les había robado hasta el aliento del llanto. Eran seres que desconfiaban del mundo, aceptando apenas unas cucharadas de lo que ya conocían. Solo después de mucho tiempo y, sobre todo, de mucho amor, la alegría regresaba a sus ojos, aunque siempre quedaba en ellos una guardia levantada, una sospecha hacia la vida. Ante tanta precariedad, había un gesto que siempre me detenía: las niñas, todas, incluso las que habitaban la pobreza más extrema, llevaban en sus orejas un hilo de algodón grueso. Era el sustituto del oro o la plata que sus padres no podían comprar.
