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https://saber.ucv.ve/handle/10872/19393
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| Title: | Imposibles informes sobre espacios imposibles: Arrecife, Limbo, Los sinsabores del verdadero policía y Blanco nocturno |
| Authors: | Castillo, Luis Felipe |
| Keywords: | Arrecife Limbo Los sinsabores |
| Issue Date: | Nov-2016 |
| Citation: | Castillo, L. F; (2016) Imposibles informes sobre espacios imposibles: Arrecife, Limbo, Los sinsabores del verdadero policía y Blanco nocturno. Trabajo de ascenso para Optar a la Categoría de Profesor Titular. Facultad de Ingeniería, Departamento de Enseñanzas Generales. Universidad Central de Venezuela. Caracas |
| Abstract: | La maqueta la ha creado con materiales mínimos y no representa a la ciudad actual sino la que Russell recuerda. Se trata, claro, de un objeto imposible, uno que modifica constantemente para ser aún más irreal, una ciudad que ya no existe sino en la mente del fotógrafo.
Un objeto como ese, mezcla de realidad y ficción literaria y de la materia de la memoria, los sueños y el deseo es un objeto tan imposible como algunos grabados de Escher. La diferencia se halla en que este fusiona el arriba y el abajo, el adentro y el afuera para crear sus paradojas geométricas. La aspiración de Russell es detener un instante del pasado. Por ello “pasa meses sin salir de su casa reconstruyendo periódicamente los barrios del sur que la crecida del río arrasa y hunde cada vez que llega el otoño” (p. 11). La tarea es inmensa, la idea desquiciada: “Russell (…) cree que la ciudad real depende de su réplica” (pp. 11-12). Se ha producido en la mente del fotógrafo una inversión entre la realidad y su representación. ~ 2 ~
El problema de los espacios imposibles fue activado en mí, entonces, por un texto que tiene que ver con el acto de leer. El primer capítulo del libro se llama de forma elocuente “¿Qué es un lector?”, y a este lo siguen la relación epistolar entre Kafka y Felice Bauer, “la mujer-lectora ligada a su escritura sin fin” (p. 65); la vida de Dupin, de quien el narrador de “Los crímenes de la rue Morgue” dice: “Me quedé asombrado por la extraordinaria amplitud de sus lecturas”; la imagen del Che, el “Yo sé leer” al que agrega el acento faltante en la pizarra de la escuelita en la que pasa la noche previa a su captura; Anna Karenina y Madame Bovary, mujeres que “frente al malestar de sus propias vidas (…) leen y encuentran otra posibilidad” (p. 143). Junto a la vida de esos lectores se encontraba suspendido el recuerdo del maquetista obsesivo y su monstruo, su rebeldía, la negativa de aceptar la realidad. Pero Russell pone como condición que su maqueta solamente pueda ser contemplada por una persona a la vez, y, entonces, como la lectura, la contemplación de esa “ciudad” es un acto solitario, privado. |
| URI: | http://hdl.handle.net/10872/19393 |
| Appears in Collections: | Otras
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