
de Heidegger, el ser humano se define como Dasein o "ser en el mundo", lo que
implica que su existencia no ocurre de forma aislada, sino en una relación
indisoluble con su entorno (11). Esta presencia telemática permite que el
estudiante desarrolle competencias en entornos de alta complejidad (12), donde la
madurez tecnológica alcanzada tras la crisis sanitaria redefine su relación con los
procesos de gestión y aprendizaje (12).
Esta transición supone que el estudiante ya no se limita a observar pasivamente la
técnica, sino que "habita su propia luz" al interactuar con herramientas como la
inteligencia artificial y los entornos de simulación (1). Aquí, la tecnología no se
percibe como un objeto externo o una sombra de la realidad, sino como un medio
para escuchar el "latido" de la praxis profesional desde una nueva sensibilidad
(12). Por tanto, la formación ontogénica en enfermería implica que el futuro
profesional desarrolle la capacidad de estar presente para el otro, la esencia del
cuidado, incluso a través de mediaciones tecnológicas, garantizando que el
humanismo no se pierda en la automatización (2, 11).
Bajo esta premisa, la cibersubjetividad en enfermería representa una evolución del
Dasein clínico hacia un ser capaz de unificar la técnica avanzada con la ética del
acompañamiento. El estudiante construye significados a partir de esta experiencia
vivida, donde la virtualidad no reemplaza la presencia, sino que la potencia,
permitiendo una comprensión más profunda y plural del cuidado humano en
sociedades hiperconectadas (5).
En la formación tradicional, el estudiante suele aproximarse al entorno hospitalario
como un observador técnico que "mide la sombra del objeto"; es decir, se enfoca
en el signo clínico, el valor del laboratorio o la patología como entidades aisladas
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