
insuficientes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) (3), la donación
es drásticamente desigual según el nivel de ingresos de los países, confirmando
que la actitud altruista es escasa a nivel mundial. Evaluaciones estadísticas
señalan que, para el año 2021, la recolección global solo cubrió el 62% de la
demanda estimada, lo que impide un acceso inmediato y seguro a la terapia
transfusional (4). En América Latina y el Caribe, la situación es similar; datos de la
Organización Panamericana de la Salud (OPS) (5) indican que menos de la mitad
de las recolecciones son voluntarias, mientras que la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) (6) estima que la tasa regional de 2,5 donaciones por
cada 1.000 habitantes está muy lejos del objetivo mínimo de 30 donaciones.
Ante este desafío, las instituciones educativas, especialmente las universitarias,
juegan un papel crucial en el fomento de una actitud favorable (7). La disposición a
donar se define como la inclinación a actuar ante la solicitud de ser donante y se
estructura en tres componentes: cognitivo (información y creencias), afectivo
(emociones y percepciones) y conductual (predisposición a la acción) (8). La
interrelación de estos elementos es tal que un cambio en las creencias puede
transformar los sentimientos y, en consecuencia, el comportamiento del
individuo .Al comprender esta dinámica, es posible delinear estrategias efectivas,
centrándose en poblaciones como los estudiantes de enfermería, quienes están
llamados a ser agentes de cambio en la promoción de salud.
En Venezuela, la donación enfrenta un panorama difícil, pues el sistema debe
basarse en la convicción, la voluntariedad y la planificación (9), pero la realidad
nacional muestra una tasa históricamente baja. Organizaciones como
Caleidoscopio Humano reportan que solo el 0.1% de la población dona de forma
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