LA POBREZA DESDE LOS ENFOQUES TRADICIONALES
La pobreza como categoría analítica tiene varias particularidades. Al igual que
muchos otros conceptos que han surgido en las ciencias sociales, carece de una
definición única y universal. Es en cambio, un vocablo polisémico, de múltiples
acepciones, las cuales dependen del criterio que se emplee para su comprensión.
Spicker (2009) señala que es un término compuesto y, por tanto, alcanza una variedad
de significados, pero relacionados entre ellos y con límites borrosos y permeables. Es
además un fenómeno multidimensional, en tanto, siendo una variable-resultado, su
explicación depende de diversos factores (Riutort, 2009).
En la actualidad, esas características han determinado la existencia de una amplia
diversidad conceptual y metodológica sobre la pobreza. Se estima que en la literatura
científica existen al menos cien diferentes formas de definir la pobreza (Spicker, 2009),
y un número, si bien mucho menor, bastante importante de métodos de medición
(con sus variantes) (Boltvinik, 2001). Desde el punto de vista técnico y académico, es
una situación que ha beneficiado ampliamente el debate sobre su contenido y las
mejores formas de medir sus correlatos empíricos. Se entiende que una mejor
definición y medición de la pobreza constituye un paso esencial para eliminarla
(Grupo de Río, 2007). Al mismo tiempo este debate ha contribuido a una mayor
dispersión y la ausencia de consensos internacionales sobre su abordaje.
Es poco probable que desde algún sector se dude de la existencia de personas que
vivan en situaciones por debajo de los estándares mínimos de bienestar que cada
sociedad define. En tal sentido, existe un claro consenso sobre el imperativo de
solucionar el problema, y esfuerzos como la definición de los Objetivos de desarrollo del
milenio (ODM) en 2000, y los Objetivos de desarrollo sostenible (ODS) en 2015, son
ejemplos de ello. Sin embargo, en el plano de los métodos de medición y las más
adecuadas políticas públicas para su superación, no existe el mismo nivel de acuerdo
entre los distintos países y organismos multilaterales.
Desde el punto de vista de la tríada planteada líneas arriba, iniciativas como los
ODM y los ODS representaron un cambio, al menos desde el punto de vista formal,
en la manera en que se concibe la solución al problema de la pobreza, considerando
algunas de sus múltiples aristas, aunque siguen centrados en la lógica de las
privaciones materiales, por lo que promueven políticas basadas en la prestación de
servicios públicos. Con relación a los ODM, Sáinz (2006) señalaba que hacen explícitos
dos elementos importantes: por un lado, se reconoce que los países más pobres no
pueden esperar largos procesos de reforma para luego obtener los beneficios del
crecimiento económico, razón por la cual los recursos de la cooperación internacional
debían ir dirigidos al momento actual. Y por el otro, las Metas del Milenio que
acompañaron la declaración, constituyeron un instrumento eficiente para que los