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Por favor, use este identificador para citar o enlazar este ítem: http://hdl.handle.net/10872/1850

Título : Las “figuras de carácter” dentro del retrato pictórico venezolano de finales del siglo XIX (1880-1898)
Autor : Camerino, Angélica
Palabras clave : Obras
Rasgos ético-morales
Siglo XVIII
Transferencias
Pintura
Pintura de género
Realismo burgués
las Figuras de carácter
Fecha de publicación : 27-Sep-2012
Citación : Tesis;H2007 C182
Resumen : Clasificar cuadros en el campo de las artes no es tarea sencilla. Es una labor que traspasa los límites de agrupar obras con características relativamente similares bajo una misma etiqueta. Existen redes intelectuales, de contenido, que subyacen a estas piezas y que deben ser consideradas al momento de crear una categoría adecuada que sirva para designarlas. Mejor aún, dicha denominación no sólo debe hacer referencia a los aspectos plásticos-formales de la pintura, también nos debe dar noticia sobre ciertos aspectos que la originaron, sus posibles significados e incluso sobre ciertas convenciones, rasgos ético-morales, religiosos e incluso filosóficos en los cuales ellas se arraigan.Un ejemplo de lo mencionado lo hallamos a mediados del siglo XVIII, cuando comienzan a gestarse en la pintura europea unos intercambios entre sus variedades temáticas. A finales del siglo ya las transferencias entre la pintura de género, el realismo burgués y el retrato se habían realizado, y este último adquirió un carácter más “intimista”. De esta manera surge, no sin contradicciones y ambigüedades, eso que Galienne y Pierre Francastel denominan las figuras de carácter: representaciones de personajes aparentemente anónimos en su ambiente natural. La particularidad de éstos reside en que no son del todo gente ignota, en efecto, son, en su mayoría, conocidos del pintor (esposa, amigos, empleados, etc.) que acceden posar para él en escenas determinadas. Por las características que lo conforman, es incluido dentro del género de retrato como una de sus acepciones. Dentro de la pintura venezolana hallamos casos representativos de este fenómeno. Pero, ¿cómo denominar estas obras? ¿Son en realidad piezas exponentes del realismo burgués en Venezuela? ¿Son pinturas de género o su calidad de retrato les procura un componente esencial que las hace separarse de las categorías mencionadas? ¿Son, en efecto, alguna especie de subgénero dentro del mundo del retrato? Para responder estas preguntas debemos hacer una revisión exhaustiva de ambos términos, y considerar alguno nuevo que nos permita esclarecer el lugar de estas grandes piezas, ricas como testimonio de una época. De tal manera, el objetivo principal de esta investigación girará en torno a determinar las características de las “figuras de carácter” en general, y su posible aplicación a un grupo de obras propias de la producción pictórica venezolana de finales del siglo XIX. Por tal motivo el siguiente volumen es un estudio profundo del uso y aplicabilidad a un grupo de obras venezolanas realizadas entre 1880-1898, del término “figuras de carácter”, creado para explicar un género pictórico europeo. Comprobamos que al trasplantar el calificativo la pintura venezolana, éste adquiere nuevas connotaciones y valores. Esto se debe a que nuestra galería visual en las artes se configura con el fin de generar imágenes que educaran moralmente al espectador. Sin embargo, estas obras poseen rasgos que nos permitieron hacer uso del calificativo “figuras de carácter” para denominarlas. Como es el caso de la carga simbólica y de contenido de todas estas escenas. Al igual que sus análogas europeas, estas obras venezolanas evidencian un gran desarrollo en el estudio pictórico de la figura humana y la capacidad de lograr un realismo excesivo; también en Venezuela asumen escenarios más íntimos, en los cuales la persona o grupo posan de manera más relajada y natural. Por consiguiente, podemos incluir estas piezas dentro de esta corriente como una acepción del retrato pictórico en nuestro país. Son piezas que han sido consideradas hasta hoy día como representaciones de la “pintura de género” o del “realismo burgués” en el país, sin tomar en cuenta su calidad de “retrato” -“retrato” en sentido literal y metafórico: literal, porque, en efecto, las personas representadas son conocidas del pintor, como vimos; metafórico, puesto que son el reflejo fiel de las aspiraciones y convenciones cívicas de un grupo social perteneciente a un período específico (1880-1898)- y la importancia de otorgarle un lugar específico dentro de la historia del arte.
URI : http://hdl.handle.net/10872/1850
Aparece en las colecciones: Pregrado

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